1.- Un chico Conoce a una Chica, en un mundo lleno de Dragones.

Estamos entrando a la Gran Ciudad de Arcelino. Todos están un poco preocupados por los guardias que nos rodean mientras caminamos por las puertas. No es lo que esperábamos al venir a vender pieles y otros productos de las cacerías en los bosques del sur. Si, están nerviosos y yo lo estoy más que todos ellos…

En la ciudad se adora a los dragones como dioses, los que no se someten a su culto son tratados como herejes y ejecutados sin proceso previo, no lo sabíamos al venir, pero los guardias de la puerta nos revisaron y al saber que nunca antes habíamos estado en la ciudad nos dijeron de la obligatoria presentación de respetos en el templo de los dragones, a mis compañeros de viaje no les importó, para ellos es solo inclinarse ante unas estatuas, los verdaderos dragones no van nunca al templo, eso nos dijo en voz baja uno de los jóvenes de la guardia, como mucho sobrevuelan la ciudad de vez en cuando y atacan cuando quieren, aunque los sacerdotes y fieles claman en esos momentos que es un castigo por alguna falta.

Para mi es más complicado, yo soy un hereje, un hijo de un extinto clan de cazadores de dragones… y voy en camino a un templo, sé que no son dioses, pero tengo el mal presentimiento de que no va ser bueno si me descubren en pleno templo, no sé si alguno de los monjes notará algo en mi mirada o gestos y lleve a que me revisen, si descubren las armas que oculto y ven las marcas, puede que sea el último día que camine en este mundo.

  • Todos los visitantes y comerciantes hacen este mismo viaje ¿verdad? – El jefe trataba de conversar con los guardias.
  • Si, pero generalmente lo hacen solos, a los nuevos los acompañamos para mostrarles el camino y asegurar que lleguen al templo antes de hacer cualquier parada. – el guardia que estaba a cargo respondió con tranquilidad, no quería molestarnos, solo cumplía con un trabajo que para él era rutinario.
  • Tengo que agradecer la amabilidad. – el jefe había hecho la pregunta para tantear el terreno donde nos movíamos, quería estar seguro que no estábamos en problemas.
  • No necesitamos nada, es el trabajo de la guardia de las puertas, ademas que los monjes no se tomarían a bien que les cobráramos por llevarlos al templo.
  • Bien.
  • Pero… Sí cuando salgan y hagan sus negocios sienten deseos de tomar un trago puedo indicarle un sitio donde vamos luego de nuestro turno, puede invitarnos algo allí. – el guardia sonreía por la salida simple y acostumbrada para estas cosas.
  • Ya veo. – el jefe estaba entendiéndose con el guardia.
  • Eso serviría para conocernos y puede ser bueno para cuando vuelvan para traer nuevas mercancías.
  • Sería todo un placer. – el jefe sonreía con amabilidad, era fácil entender lo que el guardia quería y la oferta de “ayuda” para futuros negocios.

Yo los escuchaba en silencia, al igual que todos los demás de la partida de caza, pero a diferencia de ellos, yo lo hacía para tratar de calmarme

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